La Virgen del Pilar: primera aparición de Ntra. Señora.

Veneremos con devoción a Santa María en su advocación de Virgen del Pilar, recemos el Rosario diariamente, encomendémosle a España y todo volverá a la normalidad.

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Los españoles debemos sentirnos orgullosos y, al tiempo anonadados, por ser nuestra amada patria lugar elegido por Nuestra Madre para llevar a cabo su primera aparición; estando aún viva en la Tierra. Semejante privilegio debe ser reconocido hoy y siempre, y debería ser enseñado una y mil veces a todos los españoles para acogernos a su protección que nunca falla; buena parte de nuestra terrible decadencia de hoy en día se debe, precisamente, a que hemos dado la espalda no sólo a Dios, sino también a nuestra Santísima Madre que durante toda nuestra historia tanto nos ha ayudado. Valoremos pues aquel gesto de María, valoremos haber sido los elegidos para él, valoremos tantas gracias recibidas por su intercesión y volvamos a su devoción, principalmente el rezo diario del Santo Rosario como forma única y segura de conversión para nuestra patria y salvación para todos nosotros. Y nada mejor que comenzar por conocer de dónde viene la devoción a la Virgen del Pilar, Reina de España.

Nos encontramos en el siglo I, año 33. Jesucristo, Nuestro Señor, es crucificado, muerto, sepultado y resucita al tercer día, para ascender a los cielos cuarenta días después. Tras ello, viene el Espíritu Santo sobre Nuestra Santísima Madre y los apóstoles y éstos, repletos de valor y sabiduría, van poco a poco tomando las primeras decisiones para predicar el Evangelio según el mandato que les había dado Nuestro Señor.

Sucede entonces que su predicación en Jerusalén y sus alrededores despierta la enemistad de los judíos cuando sus jefes religiosos y civiles ven que poco a poco van logrando adeptos, es decir, conversiones. En el año 34 lapidan a Esteban, diácono, quien se convierte así en protomártir. Con ello, se inicia la primera persecución contra los cristianos, pagándolo con su vida alguno más, lo que hace que los apóstoles consideren llegado el momento de predicar a otros.

Pues bien, como se puede imaginar, mientras tanto, nuestra patria, entonces Hispania, provincia romana, andaba sumergida, como todo el orbe, en el paganismo más profundo. Son muchas las referencias históricas que así lo acreditan, como no podía ser de otra forma. Aquí se adoraban, cuando se hacía, toda clase de ídolos traídos en su momento por los fenicios y los propios romanos, así como los que persistían de celtas e íberos. Tantos, que el poeta satírico romano Juvenal ya se burlaba de ello por su multitud, variedad y absurdo incluso para un pagano como él.

Surge entonces el mandato para que Santiago venga a España. Para ver lo que nos dice la tradición más firme y segura de la Iglesia, seguiremos a continuación lo que recoge el código membranáceo que se guarda en la basílica del Pilar y que textualmente dice lo que sigue:

Santiago Apóstol

“Después de la Pasión y de la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo, y de su Ascensión a los cielos, quedó la piadosísima Virgen encargada al cuidado del Apóstol y virgen san Juan Evangelista. Con la predicación y los milagros de los apóstoles crecía en Judea el número de los discípulos, y enfurecíanse los pérfidos corazones de algunos judíos en tanto grado, que movieron una persecución grande contra la iglesia de Jesucristo. Apedrearon a San Esteban  y quitaron la vida a otros muchos; por lo cual les dijeron los apóstoles: A vosotros debía predicarse primeramente la palabra de Dios; pero por cuanto la habéis rebatido y os habéis hecho indignos de la vida eterna, he aquí que nos convertimos a las gentes. De esta manera, esparcidos por el universo, según el mandamiento de Jesucristo, predicaron el Evangelio a todo hombre cada Apóstol en la porción que le había tocado.  Al tiempo de salir de Judea, cada uno obtenía la licencia y bendición de la Bendita y Gloriosa Virgen.

Entre tanto, por Revelación del Espíritu Santo, el bienaventurado Santiago el mayor, hermano de Juan e hijo del Zebedeo, recibió un mandamiento de Cristo para ir predicar el Evangelio a las provincias de España. Al punto el santo apóstol yendo a la Virgen y habiéndola besado las manos, le pedía con lágrimas en los ojos que le diese su licencia y su bendición respondió: Ve, hijo, cumple el mandamiento de tu Maestro, y por él te ruego que en aquella ciudad de España  en que mayor número de hombres conviertas a la fe, edifiques una iglesia á mi memoria, yo te lo manifestaré. El bienaventurado Santiago, saliendo de Jerusalén, vino a España predicando, y pasando por Asturias llegó a la ciudad de Oviedo, en donde convirtió uno a la fe. De esta manera, entrando por Galicia predicó en la ciudad de Padrón, de allí volviendo a Castilla, llamada España la Mayor, vino últimamente a España la Menor, que se llama Aragón, en aquella región que se dice Celtiberia, en donde está situada la ciudad de Zaragoza a las riberas del Río Ebro.

En esta ciudad, habiendo predicado Santiago muchos días, convirtió a Jesucristo ocho varones, con los cuales trataba del día del Reino de Dios, y por la noche salía a la ribera del río para tomar algún descanso en las eras. En este sitio dormían un rato, y después se entregaban a la oración, evitando de esta manera ser perturbados por los hombres y molestados por los gentiles. Pasados algunos días, estaba Santiago con los dichos fieles, a eso de medianoche, fatigados con la contemplación y la oración. Dormidos los ocho discípulos, el bienaventurado oyó a la hora de media noche unas voces de ángeles que cantaban: “Ave, Maria, gratia plena, como si comenzasen el oficio de Maitines de la Virgen con un dulce invitatorio;  y poniéndose inmediatamente de rodillas, vio a la Virgen Madre de Cristo, entre dos coros de miles de ángeles, sentada sobre un pilar de mármol. El coro de la celestial milicia angelical acabó los Maitines de la Virgen con el verso: Benedicamus Domino”.

Aparición de la Virgen a Santiago

Acabado esto, María Santísima con rostro halagüeño llamó así al santo Apóstol y con mucha dulzura le dijo: “He aquí, Santiago, hijo, el lugar señalado y destinado para mi honor, en el cual por tu industria se ha de construir una iglesia en mi memoria: Mira bien este pilar en que estoy sentada, el cual mi Hijo y Maestro tuyo le trajo de lo alto por manos de ángeles, alrededor del cual colocarás el Altar de la capilla. En este lugar obrará la Virtud del Altísimo, portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio, y este pilar permanecerá en este sitio hasta el fin del mundo, y nunca faltarán en esta ciudad verdaderos cristianos”. Entonces el Apóstol Santiago, regocijado con una alegría extraordinaria, dio infinitas gracias a Jesucristo y a Su Santísima Madre; e inmediatamente aquel ejército de ángeles, tomando a la Señora de los cielos, la tornó a la ciudad de Jerusalén y la colocó en su aposento; porque este es aquel ejército de miles de ángeles que envió Dios a la Virgen en la hora en que concibió a Cristo para su custodia, para que la acompañasen de continuo, y conservasen a su Hijo ileso.

Alegre el bienaventurado Santiago con una visión y consolación tan maravillosas, comenzó inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio, ayudándole para ello los ocho que había convertido. La referida basílica es de casi ocho pasos de latitud y dieciséis de longitud, y a la cabecera de la parte del Ebro, tiene el referido pilar con un Altar, y para servicio de esta iglesia el bienaventurado Santiago ordenó de presbítero a uno de los sobredichos, el que le pareció más idóneo. Habiendo consagrado después la referida iglesia y dejando en paz a los cristianos, se volvió a Judea predicando la palabra de Dios. A esta Iglesia la dio el título de Santa María del Pilar, y es la primera iglesia del mundo dedicada al honor de la Virgen por las manos de los Apóstoles, etc.”

Estas son puntualmente las palabras del referido código que conserva la basílica maña, y el monumento más sólido y fidedigno que tiene la nación española para prueba de esta piadosa tradición. Dios nuestro Señor ha acreditado con la experiencia la verdad de sus palabras, pues nunca han faltado aquí verdaderos adoradores, por turbados y borrascosos que hayan sido los tiempos. La protección de María se ha dejado ver en todos los siglos con repetidos milagros y portentos. Santiago regresaría a Tierra Santa donde sería martirizado el año 62.

La imagen de la Virgen del Pilar que se venera data del año 1435. En 1723 el Papa Inocencio XIII concedió oficio litúrgico propio a la Virgen del Pilar a celebrar los días 12 de Octubre de cada año; en 1739 el Papa Clemente XII decretó Misa y oficios propios en la Basílica del Pilar, quedando así establecida esta fecha y tradición desde entonces. La coincidencia con el día del descubrimiento de América no es casual, pues fue la mejor de las maneras de reconocer la sin duda protección de Nuestra Madre a aquella magna obra; no en balde fue desde la carabela Santa María desde donde se divisó por primera vez la tierra del nuevo mundo. Así, la evangelización de dicho continente quedaba al amparo de tan eficacísima intercesora. 

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